Ricos y pobres

Cada ser humano es diferente a otro. Las personas tenemos distintas capacidades y habilidades. El espíritu emprendedor y la valentía para asumir riesgos como crear una empresa, se tiene o no se tiene. Todos tenemos nuestro propio nivel de ambición y nuestra fuerza de voluntad. Hay personas en las que predomina la bondad, y otras con mucha maldad. Somos humanos y por este motivo tan diversos. Nacemos en entornos sociales y económicos que no tienen las mismas características. Una de las consecuencias, ni buena ni mala, es que hay personas ricas, muy ricas, pobres, muy pobres y ni una cosa ni la contraria. Y sin embargo, es de justicia que todos tengamos los mismos derechos y obligaciones. También que se valoren los méritos, la capacidad de trabajo y las buenas acciones.

La desigualdad no es relevante

Fíjense en esta clasificación de las personas por su nivel de riqueza económico financiera:

1 Muy pobres     2 Pobres     3 Clase media baja     4  Clase media alta     5 Ricos     6 Muy ricos

No es relevante que el más rico esté a una distancia muy grande del más pobre. Lo que importa es conseguir elevar la “base” (medido en prestaciones económicas y sociales) de lo que consideramos pobreza. Que el “suelo” en la escala del 1(muy pobres) al 6 (muy ricos) sea cada vez sea más alto. También es fundamental que se fomente el esfuerzo para pasar de un escalón más bajo a uno más alto. Una sociedad progresa cuando aumenta la base y hay fluidez para ir “hacia arriba” en la escala del 1 al 6. Hagan un ejercicio de perspectiva: ¿Las personas en la escala 1 y 2 (muy pobres y pobres) vivían mejor hace 100 años o ahora en España? Si como es mi caso, ustedes piensan que se vive mejor actualmente, parece que la calidad de vida de las personas ha mejorado.

¿Cómo pueden ayudar los que se dedican a lo público?

  • Fomentando un entorno de seguridad jurídica para todos los ciudadanos.
  • Agilizando lo trámites ante la administración y apoyando a los creadores de empresas.
  • Desterrando la corrupción en el nivel político y en el nivel técnico de las administraciones. El dinero que “desaparece” rompe la cadena de redistribución de riqueza.

Meritocracia, capacidad de trabajo y esfuerzo, progreso, seguridad jurídica, mismos derechos y obligaciones…

No importa el “techo” de los niveles 5 y 6  (ricos y muy ricos), la clave es mejorar el “suelo” de los niveles 1 y 2 (pobres y muy pobres) y el avance de los niveles 3 y 4 (clases medias).

No nos ha caído del cielo. Perspectiva y memoria.

Lo normal

Tocamos un grifo y con un ligero movimiento sale agua caliente en muchos hogares de España. A través de una web conseguimos una cita para acudir a nuestro médico de familia. Programamos una hora concreta del día y se empieza a calentar la casa. Una mayoría de personas utiliza teléfonos inteligentes con sus diversas aplicaciones de servicios. Si residimos en el interior de la península, en el camino hacia la playa o los puertos de la costa nos encontramos muchos kilómetros de autovías. Si viajamos a las principales ciudades europeas, es muy frecuente cruzarte con personas que hablan en español. Tenemos una educación y una sanidad pública de mucha calidad. Nuestros hijos tienen facilidad de acceso a instalaciones públicas para practicar deporte. Éstos son algunos ejemplos prácticos de un país con una economía de primer orden.

¿Qué hay detrás?

Detrás de todo lo anterior hay muchas historias individuales y colectivas de esfuerzo, superación y lucha. No nos ha caído del cielo; muchos hombres y mujeres han creado empresas y han trabajado con tesón en sus empleos. Se han formado y han adquirido conocimientos para innovar y contribuir al progreso personal y de su entorno. Han sacado adelante a sus familias y han aportado su granito de arena al crecimiento de pueblos y ciudades.

Para una persona como es mi caso, que se incorporó al mercado laboral en los primeros años 80 del siglo pasado, muchos de los ejemplos de país con economía de primer nivel que he señalado podían parecer un sueño en aquél entonces. Si observamos con perspectiva y una dosis de optimismo realista podemos alcanzar a valorar los logros. De aquella época tengo memoria de observar que las estructuras jerárquicas en el plano laboral o profesional eran más rígidas, así como que la mujer y el hombre no estaban siempre en el mismo plano. En la actualidad valoro y observo con serenidad y orgullo ( todas las personas deberíamos sentirnos satisfechas) los avances y el camino recorrido.

Sigamos avanzando

A la economía, al igual que a la organización social de una comunidad de personas, le sienta bien un “espíritu de reforma” en sus estructuras económico sociales. Hablo de reformas con precisión de bisturí, en profundidad si es necesario, o respetando lo que funciona razonablemente bien. Mantener y mejorar si es posible. Recuerden por otra parte que obtener ingresos para cualquier actividad es lo que tiene mérito, gastar es más fácil.

En mi opinión, sobran eslóganes y consignas que generalizan y parecen más propia de la edad infantil que de una persona adulta. Falta rigurosidad y análisis sosegado de la situación. Señalemos lo que no funciona y a quién incumple las normas básicas en la convivencia entre seres humanos. El progreso en nuestro país, si no perdemos la perspectiva y memoria, es evidente.

Me gustaría finalizar haciéndoles la siguiente pregunta : ¿Y usted, en que época de estas tres que le indico, le gustaría haber nacido? Respuestas posibles: A) Hace doscientos años. B) Hace cien años C) En el siglo XXI.

Con la condición de que a la hora de responder no sabe si nace hombre o mujer, ni la situación económico social de su posible familia. País de nacimiento: España.

Yo también elegiría el siglo XXI…

2019: Equilibrio, prudencia y sensatez

Se rompe el equilibrio.

Si gastas lo que no generas o no tienes.

Si no sabes guardar para cuando vengan las vacas flacas.

Si no interiorizas que a medio y largo plazo los ingresos han de superar a los gastos.

Si no gastas o inviertes con sentido común ( y no hace falta ser tacaño, también hay que saber vivir).

El nivel de responsabilidad de los que deciden los gastos.

Si se despilfarran ingresos públicos (que son de todos) y no se gestiona con eficiencia, el daño es a toda la comunidad de personas (municipios, comunidades, países, uniones de países).

Si se malgastan los ingresos de una unidad familiar, el daño lo sufren principalmente los hijos.

Si los que administran una empresa son derrochadores, lo sufren de manera directa los dueños del capital (accionistas) y los trabajadores.

FELIZ AÑO 2019 Y UNA BUENA DOSIS DE EQUILIBRIO, PRUDENCIA Y SENSATEZ.

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