El economista comprometido

Mantengo el espíritu de rebeldía ante las injusticias en lo social y en lo económico. Convicciones forjadas en los primeros años ochenta del siglo pasado, en los inicios de mi juventud.  Aún conservo el recuerdo de ese clasismo rancio arraigado en el costumbrismo social. Esa especie de mandato divino que etiquetaba a ricos y pudientes como seres superiores y al resto como personas de obediencia debida y opinión restringida. El paso del tiempo y las experiencias vividas me hacen ver las cosas con perspectiva y serenidad. Valoro el esfuerzo de la sociedad en España a lo largo de los años  para que sea factible la igualdad de oportunidades; que el esfuerzo y las habilidades individuales tengan recompensa y no estén supeditados a la influencia del binomio bolsillo-apellido.

COMPROMISO Y EQUILIBRIO

Si me piden que como economista defina el progreso, no tendría dudas: cualquier innovación o forma de organizarse que mejore la calidad de vida del mayor número de personas posible. Esta profesión a mi entender lleva implícito un componente de compromiso ético y social. La atalaya privilegiada en la que nos situamos los que nos dedicamos de una forma u otra a la economía nos permite estar atentos a los desajustes en las cifras, estadísticas o modelos. Son dos los equilibrios claves a mantener en mi opinión, junto a una premisa básica:

  • El intercambio satisfactorio entre las partes. El salario y trato recibido versus el trabajo y esfuerzo realizado. La compraventa de bienes y servicios con equidad. Aquí hago una llamada de atención  sobre un asunto que pasa factura en el plano físico y mental a muchos trabajadores del sector público o privado: el intento en ocasiones por parte de las organizaciones de incrementar la productividad a costa de intensificar la presión, asignando tiempos para ejecutar tareas con más sentido robótico que humano.
  • La tarta de la cuenta de resultados con un reparto óptimo. Equilibrio y proporción de la contrapartida de los ingresos en las cuentas de resultados: pago a proveedores, costes de personal y beneficios para los que arriesgan. El objetivo básico es que todos los intervinientes en el proceso acaben satisfechos. A lo anterior añado, la importancia de generar un caldo de cultivo adecuado para que florezcan los generadores de cuentas de resultados (las empresas).
  • Atención especial a la premisa básica de luchar por disminuir la tasa de pobreza en nuestro país. En este punto me gustaría hacer una referencia a los tres grandes grupos de edad. Por un lado tenemos a los jóvenes (muchos de ellos tienen problemas para conseguir la tan ansiada independencia económica). Por otra parte, las dificultades laborales con las que se encuentran los adultos en plena revolución tecnológica. Y para finalizar, no quiero olvidarme  de los mayores y sus problemas con la dependencia.

 

 

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