El economista comprometido

Mantengo el espíritu de rebeldía ante las injusticias en lo social y en lo económico. Convicciones forjadas en los primeros años ochenta del siglo pasado, en los inicios de mi juventud.  Aún conservo el recuerdo de ese clasismo rancio arraigado en el costumbrismo social. Esa especie de mandato divino que etiquetaba a ricos y pudientes como seres superiores y al resto como personas de obediencia debida y opinión restringida. El paso del tiempo y las experiencias vividas me hacen ver las cosas con perspectiva y serenidad. Valoro el esfuerzo de la sociedad en España a lo largo de los años  para que sea factible la igualdad de oportunidades; que el esfuerzo y las habilidades individuales tengan recompensa y no estén supeditados a la influencia del binomio bolsillo-apellido.

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Nociones económicas y financieras básicas II

Si en la primera parte de esta serie afrontamos la organización de la futura jubilación, ahora vamos a hablar de temas  prácticos. De ideas o conceptos a los que podemos acercarnos para conocer mejor el funcionamiento de la economía y las finanzas.

La diferencia entre el interés simple y el interés compuesto. La importancia del efecto del largo plazo en la constitución de un capital financiero. El objetivo de ahorro y la capacidad de endeudamiento.

El balance y la cuenta de resultados: los bienes y derechos que forman el activo, o su contrapartida, el patrimonio neto o las deudas. La nómina y su interpretación. La inflación y el dinero.

Intentar tener un conocimiento básico de estos conceptos.

3 lecciones de economía y vida

De esos momentos que se te quedan grabados en la memoria en tu trayectoria profesional, recuerdo con afecto y respeto aquellos en los que los clientes me dieron lecciones de economía y  vida. Encuentros en los que con una conversación o una mera observación me daban una clase de sentido común. O simplemente, clarividencia para distinguir entre lo importante y lo superfluo.

LAS NECESIDADES CREADAS

En cierta ocasión, contaba las excelencias de un producto a un cliente e intentaba hacerle ver que lo que le ofrecía le venía muy bien y le podría ser necesario en un futuro próximo. Esta persona de más de 60 años, con un pequeño negocio sacado adelante no sin tesón ni sacrificio, después de escucharme atenta y respetuosamente me dijo:

“Mira Vicente (yo rondaría los treinta y tantos y había cierta confianza entre nosotros), no dudo de la bondad del producto que me ofreces y de que a otras personas sin duda les vendrá muy bien. Yo en mi caso, no creo que me vaya a aportar valor. Normalmente me hago esta pregunta: ¿Lo necesito realmente? Y bueno, la verdad es que suele ser un buen filtro para tomar la decisión de compra”.

Este hombre con su respuesta me recordó algo que es de sentido común. El consumismo puede ser frenado a tiempo con una reflexión pausada.

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