Preguntar lo que sea necesario

Como uno ignora tantas cosas me gusta hacer y hacerme preguntas. Plantearse interrogantes es una forma de pensar y resolver dudas. Cuando por mi profesión trato con personas que no están al día en cuestiones financieras, observo que muchas de ellas mantienen cierta cautela de entrada e incluso suelen utilizar expresiones tales como “yo es que de estos temas la verdad es que no entiendo mucho”. En esas ocasiones recomiendo preguntar siempre lo que sea necesario para poder comprender.

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Las cuentas claras

Me gustan las cuentas claras en todos los asuntos que me afectan de una forma u otra; tanto en mi economía doméstica como en las relaciones profesionales que mantengo. Como ciudadano me interesa conocer los presupuestos de la localidad donde resido, así como los de mi comunidad autónoma y país. Quiero estar informado de las cuentas del territorio donde  pago impuestos y mi familia disfruta de servicios comunitarios. Las explicaciones detalladas de las cifras en la economía personal, o de los ingresos, gastos y distribución de los mismos si hablamos de un presupuesto público.

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El riesgo en el ahorro y en la inversión

Sigo observando que hay personas que cuando hablamos de ahorro o inversión, tienen una idea ya preestablecida  acerca de lo que es  una inversión de riesgo y lo que no. El conocimiento con detalle y rigor frente a “lo que se ha dicho siempre”.

Particularidades sobre diversos tipos de activos o bienes:

  • El dinero o los depósitos monetarios. Analizar si la capacidad de compra se mantiene a lo largo del tiempo. La importancia de la inflación.
  • La renta fija, los bonos. Mantener la inversión hasta el vencimiento. ¿Qué puede ocurrir si vendo antes del vencimiento de la operación?
  • La renta variable, las acciones. Expectativas y volatilidad. Inversión a medio y largo plazo.
  • Los inmuebles. El momento de realizar la inversión. El mercado de alquiler y las regulaciones. Los impuestos derivados de la compraventa.

La importancia de hacernos preguntas.

Poder de seducción

Los economistas tenemos que hacer más atractiva la enseñanza o la divulgación de la economía. Quizá deberíamos intentar que despierte más curiosidad entre los jóvenes. Intuyo que muchos de ellos tienen la percepción de que es una ciencia aburrida, donde señores y señoras muy serios en su torre de marfil, manejan datos, modelos o cuestiones como los impuestos, que no resultan fáciles de entender. Tenemos que bajar más a pie de calle, hay que dar más poder de seducción a esta ciencia social que refleja la vida misma con sus grandezas y miserias.

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