Cavilaciones de un economista cincuentón I

MIS PREMISAS

  • Cuanto más ruido de fondo y prisas, más reflexión, lecturas, investigación y acción. Independencia de criterio aunque te apartes del guion establecido o no seas lo políticamente correcto que exige la costumbre social. Son dos premisas que desde que aterricé hace ya algunos años en lo que me gusta llamar el «tercer cuarto» (de los 50 a los 75 años), intento que me sirvan como faro en cualquier asunto con el que tengo que lidiar.

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Población, valor añadido y equilibrio

SI SE ROMPE EL EQUILIBRIO LLEGA LA CRISIS

En economía una cuestión fundamental es el equilibrio. Por ejemplo cuando la demanda de bienes y servicios supera a la oferta disponible, se genera un desequilibrio y nos encontramos con la alerta de una inflación alta. Si la oferta de fuerza laboral (las personas que buscan trabajo) es superior a la demanda de trabajadores, el efecto que se produce es el aumento de las cifras de paro. Este si es de larga duración o estructural es una lacra para las personas en todos los sentidos. Tampoco quiero dejar de señalar las situaciones en las que los gastos superan a los ingresos de forma constante, llegando a producirse una dependencia excesiva de las deudas.

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El economista comprometido

Mantengo el espíritu de rebeldía ante las injusticias en lo social y en lo económico. Convicciones forjadas en los primeros años ochenta del siglo pasado, en los inicios de mi juventud.  Aún conservo el recuerdo de ese clasismo rancio arraigado en el costumbrismo social. Esa especie de mandato divino que etiquetaba a ricos y pudientes como seres superiores y al resto como personas de obediencia debida y opinión restringida. El paso del tiempo y las experiencias vividas me hacen ver las cosas con perspectiva y serenidad. Valoro el esfuerzo de la sociedad en España a lo largo de los años  para que sea factible la igualdad de oportunidades; que el esfuerzo y las habilidades individuales tengan recompensa y no estén supeditados a la influencia del binomio bolsillo-apellido.

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El legado y el santo equilibrio

UN BUEN LEGADO PÚBLICO ES UN TESORO

Quien no ha conocido un centro de salud (lo llamaban ambulatorio) o una carretera como las de hace 35 o 40 años en España, posiblemente no tenga la perspectiva para valorar el progreso social y económico conseguido hasta el momento actual. Lo podemos observar por ejemplo,  al acudir a una cita en un centro de salud solicitada desde casa con un dispositivo electrónico, o al circular por una autovía en nuestro país recorriendo localidades de una misma comunidad o provincia  en algunos casos. Y quien lo ha conocido y lo ignora, no agradece suficientemente el esfuerzo y los logros conseguidos.

Son ejemplos del legado público que se va construyendo generación a generación. Una herencia de nuestra historia reciente basada en tres motores potentes:

  • La Constitución del 78.
  • Nuestra pertenencia a la Unión Europea y a la zona euro.
  • La fuerza innovadora y nuestra capacidad de adaptación como país. Sirva como ejemplo el avance y consolidación de nuestra actividad exportadora en los últimos doce años, después de la Gran Recesión de 2008.

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