LA SALSA DE LA VIDA

Uno de los pocos lujos que Alberto se podía permitir a sus cincuenta y dos años, era el café de los domingos por la mañana en el local que regentaba su amigo Luis. El día había amanecido soleado, en un fin de semana de mediados de diciembre, ya a las puertas de las fiestas navideñas. Disfrutaba dando un repaso los periódicos en papel, que la cafetería dejaba a la disposición de la clientela. Ojeaba y leía, intercambiaba saludos o si se daba el caso, mantenía una charla agradable. Sentado en una mesa con vistas al paseo arbolado que finalizaba a pocos metros de la catedral, sentía que parecía vislumbrase luz al final del túnel…

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TARRO CON ESENCIA DE SEXO Y TERNURA

Viernes por la mañana

El despertador vibró a las 8.30 h de la mañana del viernes. Transcurridos cinco minutos, Candela aún seguía remoloneando entre las sábanas. Rememoraba complacida la imagen de la despedida  la noche anterior. En el último instante, tras risas y ansias no disimuladas de ambos por concertar un próximo encuentro, Manuel había buscado sus labios. En la escena del portal se acariciaban y abrazaban. Rozaron más de una vez  sus lenguas y culminaron susurrándose cariños.

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SIÉNTATE HIJO, TENEMOS QUE HABLAR

«Este relato es uno de los premiados en el certamen de Relatos con final feliz de 2022,  una iniciativa del programa  municipal Toledo lee . Mi agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Toledo, a la Asociación de Libreros de Toledo y a la Red Municipal de Bibliotecas por el fomento y apoyo a la lectura».

El autor.

 

SIÉNTATE HIJO, TENEMOS QUE HABLAR

Terminal del aeropuerto de Heathrow, Londres.  Noviembre 2022.

Zona de llegadas.

Silvia le mostró en su móvil, la noticia de una reconocida publicación especializada que se hacía eco del premio. Carlos, mientras saboreaba el café, observaba concentrado el ir y venir de la terminal. Ella le hizo una mueca cariñosa y se levantó.  Aún contaba con  tiempo para hacer una llamada a la galería, antes de que aterrizase el vuelo procedente de Madrid.

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CARIÑO, AÚN HAY PARTIDO

Nota del autor

Relato dedicado a esos «buenos equipos» que llegan a la vejez sin rendirse y habiendo dejado huella.

 

Jaime salió al jardín, después de su media horita diaria de siesta en duermevela en el sofá del salón. Isabel se afanaba, con movimientos en apariencia ágiles, arreglando uno de los setos del jardín que tanto le ilusionaba mimar. Se acercó por detrás cogiéndola por la cintura. Ella, con un ligero sobresalto dado que no había sentido su llegada, se giró lentamente. Los ojos de ambos frente a frente, sus cuerpos encajando espacios. Esos ratos de silencios extraños y las miradas extraviadas de ella, en aumento durante los últimos meses, pasaban a un séptimo plano. La seguía deseando, estaba convencido de que le brillaba la mirada y sonreía cuando le susurraba alguna de esas burradas como las definía ella.

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